TODOS NOSOTROS SOMOS TESTIGOS: “Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte “ 2 Pero Dios lo resucitó al tercer día.Benjamín Forcano

T E M A S D E H O Y

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TODOS NOSOTROS SOMOS TESTIGOS:

Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte “

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Pero Dios lo resucitó al tercer día

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Morimos para resucitar

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Celebramos la esperanza cristiana: en memoria de…

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Todos nosotros somos testigos

Dios lo resucitó rompiendo las atadura de la muerte

A mis amigos, a unos y a otros, puedo traerles el pasaje aquel en que un tal Pedro de Galilea dijo:

Os hablo de Jesús el Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros, realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” ( Hch 2, 22-24). Todos nosotros somos testigos. Entérese bien todo Israel de que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis ( Hch 2,32,36).

Y brindo palabras de quienes, mortales como nosotros, arrojan hilos de luz y esperanza:

Leonardo Boff: “La muerte es una invención de la vida para que la vida pueda continuar viviendo bajo otra forma. Morir no implica abandonar este mundo, sino que significa entrar más profundamente en este mundo, en su corazón, ahí donde habita Dios en su gloria y en su supremo dinamismo vital. Por eso los cristianos decimos: morir es cerrar los ojos para ver mejor, no vivimos para morir, sino morimos para resucitar y para vivir más y mejor. En razón de esta comprensión los así llamados muertos no son muertos. Son vivos en otro estadio de vida. Los “muertos” no están ausentes de nuestro mundo, son apenas invisibles a nuestros ojos, están presentes”.

La mente y la fe captan el otro lado del mundo, ahí donde Dios es la realidad suprema que todo lo crea.

La realidad es única. Lo que Dios ha creado es la vida sin más. Y la vida tiene etapas de realización: comienza un día y ya no termina más. Nos vamos desarrollando sustentándonos en la fuente de la vida, que es el Dios vivo. Por eso la vida eterna ya se da aquí y ahora, es un momento de realización de la vida eterna.

La humanidad, de una u otra manera, siempre ha creído en una supervivencia terrena. Una vieja esperanza. Pero, en la muerte de Jesús se da un hecho nuevo. Jesús murió violentamente en la cruz. Este hombre justo, que pasó haciendo el bien, que no transigió en nada con la mentira y la opresión, fue asesinado. Pero, en contra de todo lo que se podía esperar, este hombre sale victorioso de la muerte. Impotente, abandonado y vencido en la cruz, triunfa: no vence el opresor sino el oprimido; no vence el verdugo sino la víctima; no vencen los crucificadores sino el crucificado. El hombre justo, -y por justo, crucificado-, es resucitado por Dios, el Dios de la justicia y del amor.

¡Algo nuevo y escandaloso!

Este nuestro mundo va adelante a base precisamente de los condenados y oprimidos. Ellos son los que reciben el Reino de Dios, los que trabajan por la justicia y la verdad, los que desenmascaran la idolatría del poder, y por eso son perseguidos y crucificados. Crucificados, pero no vencidos ni derrotados. Ellos pueden y deben esperar. Su presente conflictivo arrastra la semilla de la victoria. Para los creyentes en Jesús, la cruz no es un final terrible, es la utopía de algo anunciado pero que tiene su meta en la resurrección. Morimos para resucitar: entraremos en esa primera y última realidad a la que damos el nombre de Dios; continuaremos siendo nosotros mismos sin la limitación espacio-temporal de nuestra forma terrena; seguirá nuestra identidad transfigurada. Dios no necesita, para conservar nuestra identidad, los restos mortales de nuestra existencia terrena. La corporeidad de la resurrección no necesita que el cuerpo muerto vuelva a la vida.

Hans Küng: “Nuestra fe, en este caso, no es una prueba estrictamente racional, sino una actitud de confianza perfectamente razonable, por la que nos fiamos de que el Dios del comienzo es también el Dios del final, de que el Dios que es el Creador del mundo y del hombre, es también el que lleva a estos a su plenitud”.

Dos testimonios:

Muerte de Diamantino: Hace 21 años, un 10 de febrero, celebramos en Sevilla el entierro del cura Diamantino, llamado el cura de los pobres. Centenares y centenares de personas estaban allí. Cien curas en la misa, presidida por el Cardenal Carlos Amigo. Gentes allí, de todas partes y colores. Todos querían hablar, recordar, enaltecer, agradecer. Eran visibles la emoción, el entusiasmo, las lágrimas. Yo también hablé, y a Diamantino allí de cuerpo presente, le hice esta pregunta: Y ahora, ¿dónde estás tú, Diamantino? Porque no hay duda que tú perdurarás en la memoria, en el cariño y en las obras admirables que tú nos dejaste. Pero, tú, ahora, ¿dónde estás? No me basta con tenerte en el recuerdo, en el cariño, en tus obras. ¿Dónde estás ahora, ? ¡El tú de Diamantino!

Y concluía yo: Diamantino hermano, rota la crisálida de tus restos, te hallas vivo, nuevo, más allá de la muerte. Has entrado para siempre en el invisible Reino de Dios.

Muerte de Miguel Fisac: Hace unos años me tocó asistir en su muerte al superconocido arquitecto Miguel Fisac. Le despedía con estas palabras:

Mi querido Miguel: Me he emocionado desde que te conocí, porque pocas veces he visto conjugar tan naturalmente el aprecio a la vida con el amor a la muerte. Cuando cumpliste 70 años, te declaraste oficialmente viejo y te diste cuenta de que el problema más importante de tu futuro era la muerte.

Te sentiste acorralado por ella, escribes, pero brevemente, como si de un muro final se tratara. Ya en el 92, escribiste: “Ya no me siento acorralado, Muerte. Ni veo el muro final que me cerraba el paso. Sé que eres sólo una modesta percha en la que colgaré este usado traje de mi cuerpo, para continuar, más ligero y alegre, mi camino de Amor y Esperanza”. 

“¿Dónde te has metido, escribías en el 98, mi amiga muerte querida que no te veo?”
“Yo no seré nunca un muerto”, dices, porque morir no es morir, ni acabar, si no seguir y continuar, entrar en el cielo para un cara a cara con Dios eternamente. La vida no es material, ni espiritual, ni temporal,
es eterna, viene de la eternidad, pasa por el tiempo y vuelve a la eternidad.


Miguel, has crecido, has sabido estudiar, trabajar y aprender, has sabido sufrir y luchar, has sabido inventar, dudar y crear, perdonar y, sobre todo, has sabido ir a la esencia: el amor. Porque sin amor, la vida vale poco, o casi nada; amor a Dios y al prójimo que son la misma cosa. Por esa falta de amor, el mundo lo has visto demasiadas veces enajenado y triste.
Y nos escribía tu amigo y gran teólogo Leonardo Boff – que estuvo a la mesa contigo, en tu casa, con algunos amigos: 
“La experiencia ante la muerte de Miguel Fisac, del creyente Miguel Fisac, resuena en sus textos como alegría serena, como espera ansiada, como impaciencia tranquila de quién está en la inminencia del encuentro definitivo con el Objeto más oscuro y luminoso, más hondo y deseado, más buscado y más amado del deseo fundamental del ser humano: ser uno con el Unico, “el alma amada en el Amado transformada. Sus reflexiones nos llena de alegría y nos hacer esperar la muerte cantando”.

Kalr Rhaner (Acaso el mayor teólogo del siglo XX):

Nosotros, que sin ser testigos directos, hemos recogido y guardado el testimonio por ellos transmitido, gritamos: ¡Cristo está vivo entre nosotros!

Os anuncio esta buena noticia: Cristo está vivo entre nosotros. Rotas las cadenas de la muerte, Cristo ha salido victorioso del sepulcro. La tierra se ha llenado de luz y huyen las tinieblas que cubrían el orbe entero. Jesús había venido hacia nosotros y había vivido como viven los hombres. Los hombres lo destrozaron con sus propias manos y su vida desembocó en la muerte.

Pero Dios hizo lo imposible: El resucitó para nosotros, desarmada y muerta quedó la muerte. Y ahora está aquí. Está aquí como el primer día, eternamente. Jesús es el sentido concreto y final de nuestras vidas. Es el impulso de toda creación, el punto de arranque de toda iniciativa, el ala de toda novedad, la risa sorprendente de la eterna juventud. Si resucitó no fue para marcharse dejando tras de Sí un vacío sin esperanza. Su cuerpo forma, ya para siempre, parte de nuestra tierra. Pascua es la señal externa del fuego interno que recorre las entrañas de la tierra.

En la superficie, sin embargo, todo queda igual: el mal continúa marcando el rostro de las cosas y nosotros, tomando la apariencia por realidad, creemos que el amor está muerto.

¡No! Cristo está presente en el corazón de la historia. Pero esta no será realidad plena sin nuestra propia colaboración. Lo que hoy es anuncio con palabras anunciadlo vosotros con la vida. Yo os anuncio la buena, buenísima noticia, mucho más que todas las noticias escritas en la prensa. Los amigos directos de Jesús, los que le vieron sudar por los caminos, los que luego lo vieron preso y triste, los que huyeron al verlo conducido a la muerte, han visto y sentido a su manera, han visto, amigos, ¡que Jesús está vivo! Y que se deja ver por quien tiene los ojos abiertos, el alma esperanzada y el corazón inquieto. ¿Y qué les dice? Les dice: Shalon, la paz amigos, con vosotros. Es decir, la alegría, la salud, la fiesta.

2

PERO DIOS LO RESUCITO AL TERCER DIA

La tumba vacia y las apariciones de Jesús a sus discípulos dan razón de la Resurrección de Jesús y fundamentan la nuestra. Esta es la verdad má insólita y revolucionaria del cristianismo.

Estamos en el siglo XXI, mes de abril del 2017.

Y tengo la firme convicción de que esta verdad de la Resurrección de Jesús, repetida por más de 2.000 años en el mundo y, en especial, en la cultura de Occidente, está hoy devaluada sino descartada como verdad antimoderna. Nadie, que presuma de racional y científico, toma en serio esta verdad.

Muchos la admiten, pero como una creencia débil, que no se puede comprender ni aplicar en estricto rigor.

En consecuencia, lo que se asienta en la cultura dominante es que la muerte es el hecho cierto, natural e irreversible, que nadie puede remediar. Con ella acaba todo lo que es el ser humano, con el argumento mayor de que el pensamiento y la conciencia son efecto de la materia (del cerebro)y que, una vez la materia deja de estar viva, la vida termina definitivamente.

Es la visión atea y materialista a la vez: Dios es un invento del ser humano (una construcción de su pensamiento) y la vida se identifica con el cuerpo, quien con la muerte perece sin remedio.

Dos cosas quiero comentar que me parecen importantes.

1.Afirmar que la vida se identifica con el cuerpo y que, acabado el cuerpo acaba la vida, es hoy una verdad científicamente controvertida, pues la ciencia actual sostiene que si bien el pensamiento y la conciencia (el alma) se desarrollan dentro del cuerpo, no son producto de la materia sino que son independientes y utilizan el cuerpo como instrumento en esta vida terrena.

El yo, que asiste al instrumento y que dentro de él siente, experimenta, reflexiona, relaciona, decide y lo asume, es quien lo maneja y guía, establece un plan y trata de dar un sentido a la vida, no es material y puede vivir desligado e independiente de la materia. Ese yo ha alcanzado tal nivel y calidad en el proceso de la evolución que ya la muerte no puede actuar sobre él.

San Pablo gritaba: ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor”. Lo cual quiere decir que en Jesús la vida se mostró más fuerte que la muerte e inauguró una sintropía superior.

Jesús conoció e inauguró una evolución (sintropía) superior, en virtud de la cual su vida era un nuevo tipo de entropía , gracias al cual su vida no aparece amenazada por la enfermedad ni por la muerte. Por eso, la resurrección no puede ser entendida como reanimación de un cadáver, sino como una revolución dentro de la evolución, como un saltar a un tipo de orden vital, no sometido a la entropía: desgaste y acabamiento final.

2. La segunda cosa es que la resurrección de Jesús es un hecho real, base que nos lleva a reconocerlo como Mesías y Señor, y a ver en ella la garantía de nuestra propia resurrección.

Nadie esperaba que a un individuo muerto como Jesús le pudiera ocurrir la resurrección. Ni los mismos discípulos.

El cuerpo de Jesús estaba enterrado, pero nadie se lo llevó ni nada prueba que llegara a corromperse. En la sepultura aparecieron sólo los lienzos, de los que el cuerpo se había liberado. ¿Bastaba para admitir que había resucitado los hechos de que la tumba estaba vacía o que se había aparecido a sus discípulos? ¿No podía ser todo eso efecto de la imaginación o de deseos frustrados?

La realidad es que los discípulos unieron sin dificultad las dos cosas: el Jesús cadáver, con la tumba vacía, era el mismo que se aparecía y encontraba con ellos, resulta que una persona previamente fallecida, estaba completamente viva de nuevo.

Si el cuerpo de Jesús hubiera permanecido en la tumba , no se habría producido esta creencia. Pero resulta que la persona fallecida continuaba viviendo de una manera transformada. Jesús aparecido es indudablemente corpóreo pero su cuerpo posee propiedades sin precedentes y hasta entonces inimaginables.

Hay, pues, algo que queda absolutamente claro: la continuidad entre el Jesús terreno muerto y el que en ese momento está vivo, con la transformación operada en la índole de su corporalidad.

Los discípulos no se inventaron lo de la tumba vacía ni lo de los encuentros con Jesús, como si tal cosa les fuera necesaria para fundamentar una fe que ya poseían. Fue todo lo contrario: debido a esos dos fenómenos convergentes –tumba vacía y apariciones- adquirieron esa fe. Nadie esperaba algo así. Decir otra cosa es dejar de hacer historia y adentrarse en un mundo de fantasías personales.

¿Por qué los discípulos no veneraron la tumba de Jesús ni siquiera pensaron en un enterramiento adecuado? La evidencvia era que Alguien que estaba perfectamente muerto, volvió de nuevo a estar perfecta y verdaderamente vivo.

La conclusión para el que hace historia es que la tumba vacía y los encuentros con Jesús son acontecimientos históricos , es decir, reales e importantes y que sin ellos, no se puede dar razón del cristianismo. (Cfr. P. 208).

3. ¿Qué sentido tiene la vida si nada queda de todo lo vivido? ¿Qué significado tiene la resurrección? (Cfr. P. 217).

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MORIMOS PARA RESUCITAR

Es ineludible, y confortador al mismo tiempo, el que los cristianos podamos celebrar juntos el hecho de la muerte. Nacer, crecer, morir son actos comunitarios. Y el sentido de cada uno de ellos lo vamos adquiriendo en el evolucionar de nuestra vida.

Ahora, si es cierto que nadie puede evadirse ante el hecho de morir, no todos vamos a su encuentro de la misma manera. Hay quienes lo consideran como el final de la vida; hay quienes lo rehuyen como un enigma; y hay quienes lo viven con desespero.

En nuestra sociedad cunden posturas diversas, pero modernamente parece prevalecer la de quienes superficial o heroicamente la consideran como un hecho natural, sin que les sea dado vislumbrar tras ella, continuidad de una vida mejor, imperecedera, en plenitud de bien y felicidad.No es lo mismo una postura que otra.

Por nuestra parte, tenemos claro el significado y alcance de nuestro morir. Podemos explicarlo un poco así :

1. Con nuestra experiencia y sabiduría humana nos preguntamos y podemos investigar si la misteriosa realidad de nuestra vida se acaba o no con la muerte. Podemos dudar, filosofar, concluir una cosa u otra. En las diversas culturas, se describe y aparece diversas respuestas. Pero,

2. La búsqueda, la duda y oscuridad de nuestro saber, se ha esclarecido con la vida y enseñanza de Jesús de Nazaret. El nació, creció y evolucionó como uno de nosotros, anunció y realizó un proyecto de vida, lo confrontó con otros proyectos de su tiempo, muchos lo siguieron entusiasmados, pero otros, sobre todo los que tenían en sus manos las riendas del poder religioso y político, lo cuestionaron y lo rechazaron. Fue tal el enfrentamiento, precisamente por la distinta valoración que hacía del ser humano, de su relación con Dios , con los hombres, con la naturaleza y el futuro, que se confabularon contra El y lo eliminaron. Y lo eliminaron con muerte violenta, crucificándolo , como a un conspirador y rebelde. Pero,la cosa no acabó ahí.

3. Resulta que este visionario rebelde, crucificado, a la vista de todos muerto y sepultado, no permanece en el sepulcro, no se corrompe, nadie lo esconde ni lo sustrae y quienes se acercan tras su muerte -tres mujeres, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé- – para embalsamarlo, se encuentran con que el sepultado no está y se les comunica que pueden entrar y ver vacío el sitio donde estaba puesto, que no lo busquen, pues ha resucitado y está vivo. Las mujeres corrieron con miedo y alegría a dar la noticia a los discípulos. Prisas, miedo, desconcierto, delirio, alegría, por parte de las mujeres; incredulidad por parte de los apóstoles ante el desatino de las mujeres. Pedro, curioso, salió veloz al sepulcro. Y al poco regresa asombrado.

Jesús, el que todo el mundo daba como fracasado, está vivo. Tumba vacía, sin que nadie pueda explicar lo sucedido. Y, además, Jesús en conversación y camino de Emaús les habla a dos de sus antiguos discípulos hasta que se les abren los ojos y lo reconocen. Y se les sigue apareciendo y casi no creyéndole estremecidos de asombro y alegría.

4. Esto, no tiene vuelta de hoja:: “Nunca, de nadie, en ningún lugar, se dijo lo que de Jesús de Nazaret: ha resucitado”. La verdad más grande, original y revolucionaria del cristianismo. Ocurrió la resurrección de Jesús muerto y sepultado. La tumba vacia y las apariciones lo atestiguan, aunque no se nos diga ni sepamos cómo ocurrió esa transformación.

Hay continuidad entre el Jesús sepultado y el Jesús que se aparece; el cadáver de la tumba no se encuentra, pero se les muestra vivo el mismo Jesús, hablando, comiendo y bebiendo incluso con ellos.

Esta es la historia de que el Jesús que se estaba apareciendo estaba en continuidad corporal con el cadáver que había ocupado la tumba. Nadie esperaba que a un individuo muerto le pudiera ocurrir la resurrección. Ni los mismos discípulos esperaban que esto pudiera sucederle a Jesús. Es legítimo pensar que los discípulos tuvieran sueños sobre Jesús, pero los solos sueños no bastan para que judíos y paganos hubieran podido afirmar que Jesús había resucitado. La creencia cristiana habla de continuidad de la persona concreta fallecida y, al mismo tiempo, de transformación: Jesús aparecido es indudablemente corpóreo pero su cuerpo posee propiedades sin precedentes y hasta entonces inimaginables.

Y, al mismo tiempo, con la resurrección de Jesús, recibimos la noticia de nuestra propia resurrección: “Volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo, estéis también vosotros”.

¡Qué dicha, qué suerte y qué felicidad!

Los apóstoles, hombres sin letras ni instrucción, que convivieron con Jesús, le acompañaron, comieron y bebieron con él, le escucharon y tantas cosas aprendieron de él, aseguran con todas de la ley: “Dios resucitó a este Jesús y nosotros somos testigos” (Hch 2,32-36). “Vosotros, jefes de Israel, matastéis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó, nosotros somos testigos” (Hch 3,13-16).

5. Poco más podría añadirse a estas palabras. Pero es preciso dar cabida en nuestro corazón a esta luz y esta fuerza, esta energía insospechada: “Vivimos no para morir, sino para resucitar”, al morir cerramos los ojos para abrirlos a una vida superior y mejor.

Resucitar es abrigar como un tesoro esta convicción, es ir adelantando con nuestra vida el género de vida que llevaremos junto al Dios Padre, que nos ama y nos espera.

Disponemos de una vida: hermosa si la vivimos como Jesús de Nazaret, libre cada vez más de ataduras, miedos y contradicciones; debemos ir construyendo ese hombre nuevo de justicia, de libertad, de ternura, de amor y de solidaridad que nos enseña Jesús; debemos aproximar cada vez más esta tierra al cielo que nos espera; debemos hacer que nuestras obras, en una y otra parte, sean capaces de suscitar la querencia y el encuentro con Dios, que es Dios de todos y de todo.

Puede haber gente que crea que nuestra vida se identifica con la materia y que, una vez la materia se acaba, se acaba también la vida. Yo, ni racional, ni científica, ni filosóficamente creo eso. Pero no lo creo sobre todo desde que el Dios Amor se nos mostró y nos descubrió en Jesús, su hijo, la vida humana plena, su calidad inmensa, objeto de admiración y seguimiento para millones de seres humanos en todas las partes y recibimos histórica certificación de que El resucitó y nosotros resucitaremos con El.

 

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Celebramos la esperanza cristiana

En memoria de …

. El hecho de esta celebración, tiene específico e importante significado y da para que lo valoremos y vivamos en sí mismo sin mezclarlo con la Misa, que requiere otro espacio y tratamiento.

Saludo y acogida

Hay algo que distingue a los que creen en Jesús de Nazaret de los que no creen: la esperanza en la resurrección. No es lo mismo creer que la vida termina con la muerte y acaba en la nada, que creer que continúa y alcanza la plenitud en su encuentro con Dios Padre, Señor de la Vida y de la muerte.

Nos reunimos para compartir y afianzar esta nuestra fe. Lo hacemos en un mundo multiformemente descreído, de espaldas al parecer a todo lo que no sea disfrute del mundo presente, sin negarles por ello autenticidad y calidad de vida. Nosotros podemos compartir con ellos su calidad de vida, sus nobles propósitos por mejorarla, pero aportamos algo nuevo, que es señal de nuestra identidad cristiana: la esperanza en la resurrección. Y lo hacemos en memoria de …… creyente al igual que nosotros. Y lo hacemos por dos motivos: para celebrar su encuentro gozoso y definitivo con Dios Amor y por sentirnos agradecidos por el ejemplo, coherencia y fidelidad de su larga vida. Gozo, pues, estímulo, compromiso y esperanza, son los sentimientos que nos mueven a estar juntos en esta celebración.

Lecturas que alumbran y fortalecen nuestra esperanza

Del moralista Bernhard Háring

Cuando un casquillo de granada me hirió en la cabeza, pensé: Ha llegado el momento: el Señor me llama. Pero no llegué a morir. A partir de entonces, me familiaricé con la idea de la muerte y muchas de las cosas que nos molestan perdieron importancia. Ante la muerte todo adquiere un significado distinto. …” Cuando alguien me pide que hable de la muerte, yo digo que me la imagino como la fiesta más grande a que jamás me hayan invitado. Para mí, y para todo creyente, representa la alegría del encuentro con el Señor de la vida”.

Del obispo Pedro Casaldáliga

“¿Por dónde iréis al cielo, si por la tierra no vais? Morir siempre es vencer desde que un día, alguien murió por todos, como todos, matado, como muchos… Procura que la Gracia y la Ternura llenen de vino nuevo… tu ánfora de barro.

Si no tuviera fe para negar la muerte, quizá yo no tendría coraje de nombrarla. Quizá yo no sería capaz de estos caminos, si no estuviera Dios , como una aurora, rompiendo la niebla y el cansancio.

El amor no es bueno por ser mandamiento mas por ser amor”.

Del teólogo Leonardo Boff

“ Los sabios a fuerza de vivir y de aprender las lecciones de la vida, acaban por superar todos los miedos. Especialmente el miedo a la muerte. Superar el complejo más difícil de integrar, según Freud, que es el complejo de la muerte. Porque los sabios ven a la muerte como parte de la vida. Se dan cuenta que la vida es mortal, que vamos muriendo despacio, lentamente, a prestaciones, desde el primer momento hasta acabar de morir. Al integrar a la muerte en la vida , superan la muerte. Ingresan en el reino de la plena libertad. Morir es entonces solamente un cerrar los ojos para ver mejor, para ver los espacios infinitos del mundo y los secretos más escondidos de la vida. Los que en su vida profundizan en el sentido del amor a Dios, empiezan a experimentar la inmortalidad y las bienaventuranzas que ese amor confiera a la vida. Vivir es esperar esperando ´para pasar a mejor vida” como dicen las gentes de los pueblos. Morir entonces no es morir. Es caminar al encuentro de la Fuente para beber de la vida eterna. Es entrar en “un alegre amanecer”. Morir, entonces, es vivir más y mejor”.

Del apóstol San Pablo ( I Cor 15,1-21)

“Hermanos: Os transmití que Cristo fue sepultado y que resucitó al tercer día. Y que todos los que han gozado de su aparición y yo mismo, el último, os hemos predicado que Cristo ha resucitado de entre los muertos. ¿Y cómo pues andan algunos diciendo que Cristo no resucitó? Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra fe. Si solo para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de los hombres. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que murieron”.

Del evangelista Lucas (24, 1-12)

“ Muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando aromas que habían preparado. Llegaron y entraron pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Y no sabían que pensar de eso. Entonces se les presentan dos hombres resplandecientes que les dicen: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. María Magdalena, Juana y María la de Santiago, regresando del sepulcro comenzaron a contar todas estas cosas a los apóstoles y a todos los demás. Sus palabras les parecían desatinos y no las creían. Sin embargo, Pedro voló hacia el sepulcro, se inclinó, vió sólo las vendas y se volvió asombrado por lo sucedido”.

Comentario – Explicación

Hermanos y amigos, queridos todos. No por el azar nos encontramos hoy aquí. Ha habido caminos previos hasta llegar aquí: caminos de encuentro y amistad, en los que nos hemos conocido, tratado y ayudado. Creo que han sido momentos gratos, inolvidables, donde se estrechaban lazos de nuestro mutuo querer. Es lo que de una manera más o menos intensa tejimos algunos con ….. Se nos convoca a esta celebración para considerar y valorar su fallecimiento a la luz de nuestra fe cristina. Me gustaría compartir con vosotros algunas cosas.

En primer lugar, constatar y felicitarnos por los que, aún sin ser parientes de….. han sabido estar junto a ….. como si lo fuera, con mucho amor, sin limitar para nada el cuidado.

En segundo lugar, subrayar que, detrás de todo eso, está la huella de Dios, alienta la existencia de quien nos ha hecho, la grandeza misma de Dios, del Dios Amor, nuestro Padre,que nos declara hijos suyos y no siervos. El Padre y yo somos una misma cosa, dice Jesús. Y el amor con que él me ha amado, es con el que yo os he amado.Y os pido que os améis los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán todos que sois discípulos míos.

Y, en tercer lugar, proclamar algo que sobrepasa todo lo que nuestra imaginación pueda soñar: que la vida de cada uno de nosotros , encuentra en la muerte la puerta que se le abre al cielo, que es Dios, quien nos ha hecho para estar eternamente con El, y gozar cabe él, de toda plenitud de bien, de belleza, de libertad, de amor, de felicidad. Y esto lo sabemos más que por la razón, por la verdad más asombrosa que jamás haya oído la humanidad: que Jesús ha resucitado, que el Nazareno, dado por muerto y fracasado, está vivo, venció a la muerte.

Frente al odio y soberbia de los poderosos que lo crucificaron, Dios hizo valer su señorío, rescatando a Jesús de la muerte. No sé si hemos reparado en el impacto que supuso la resurrección de Jesús para los discípulos que le siguieron y convivieron con El. Su final en la cruz, tan violento e inesperado, los dejó desolados. Estaban abatidos y asustados. Pero la noticia dada por María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé, de que el sepultado no estaba en la tumba y de que a varios de ellos se había aparecido vivo y hablado con ellos, los deja aún más trastocados. Un hecho semejante no cabía en la cabeza de un judío. ¡Imposible!

Pero, a partir de este hecho, los apóstoles quedan transformados, convencidos de que la verdad asistía al crucificado. Y, sin miedo, salen a proclamar: “Vosotros, jefes de Israel, matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó, nosotros somos testigos”.

Pero la cosa no acaba ahí. Jesús añade que lo mismo que El, también nosotros resucitaremos: “Volveré y os tomaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros”. Ciertamente, esta verdad es una de las que constituyen la identidad de nuestra fe cristiana. Admiro a los que, sin fe, luchan por la justicia y la verdad y reivindican el bien y derechos de todos. Hay quienes identifican la vida con la materia, y creen que una vez se acaba la materia, se acaba también la vida. Yo, ni racional, ni científica, ni filosóficamente creo eso. Y lucho como ellos por aproximar cada vez más esta tierra al cielo que nos espera, pero creo y añado algo más: que el Dios Amor nos mostró en Jesús de Nazaret el sentido y la meta última de nuestra vida, certificándolo con el hecho ineludible de su Resurrección. El resucitó y con él resucitaremos nosotros.

Esta es la noticia más grande que debemos albergar en nuestro corazón: ”Nunca, de nadie, en ningún lugar, se ha dicho lo que de Jesús de Nazaret: ha resucitado”. Hermanos y amigos: “Vivimos no para morir, sino para resucitar”. La ausencia de…… y de tantos otros seres queridos, nos entristece pero a la vez nos libera de toda pena porque sabemos que ella ha entrado a gozar con Dios de la bienaventuranza plena. Poco más podría añadir a estas palabras. Resucitar es abrigar como un tesoro esta convicción, es ir adelantando con nuestra vida el género de vida que llevaremos junto al Dios Padre, que nos ama y nos espera. Disponemos de una vida: hermosa si la vivimos como Jesús de Nazaret, libre cada vez más de ataduras, miedos y contradicciones; debemos ir construyendo ese hombre nuevo de justicia, de libertad, de ternura, de amor y de solidaridad que nos enseña Jesús; debemos aproximar cada vez más esta tierra al cielo que nos espera; debemos hacer que nuestras obras, en una y otra parte, sean capaces de suscitar la querencia y el encuentro con Dios, que es Dios de todos y de todo.

El resucitó y nosotros resucitaremos con El. La muerte vista así, bien puede llamarse como la llamaba San Francisco de Asís “Nuestra hermana la muerte”.¡Celebramos la vida, celebramos la resurrección! Esperanza , pues, amor, júbilo, solidaridad y ymucha paz.

CREDO de la esperanza cristiana

Creemos

Que más allá de este mundo y después de la muerte, se cumplen los más antiguos y apremiantes anhelos de la humanidad: la muerte no es lo absolutamente definitivo, el sufrimiento, el infortunio, el dolor, la vejez no es lo definitivo.

Creemos

Que nuestra búsqueda terminará en una realidad plenamente nueva.

Queremos

Trabajar por una sociedad e iglesia mejor, -más justas, más libres, más pacíficas – sin olvidar que esta meta nunca la podremos realizar aquí plenamente.

Creemos

Que esta plenitud de libertad y felicidad es para todos,incluso para los han sufrido y llorado sangrando en el pasado. Habrá muerte para la muerte. Liberación sin una nueva esclavitud.

Creemos

Que entonces tendrá vigencia directa el reinado de Dios: reino de salvación definitiva, de la justicia cumplida, de la libertad perfecta, de la verdad inequívoca, de la paz universal, del amor infinito, de la alegría desbordante, de la vida eterna.

Amén. Así sea.

Nuestro orar es comprometerse

Señor, Tú nos creaste para seguir a Jesús y vivir como él anunciando tu Reino.

1.En lugar de anunciar ese Reino, muchas veces hemos anunciado el reino del egoísmo, de la prosperidad y del beneficio propio. No hemos compartido nuestros bienes con los que lo necesitan.

Todos: Nos arrepentimos Señor y actuaremos con solidaridad.

2.Tu reino se construye optando por la justicia y el amor. Nosotros lo hemos negado pactando a veces con los ricos, facilitándoles la opresión y dominación de muchos hermanos.

Todos: Nos duele , Señor, esta complicidad y prometemos enmendarnos.

3.Hemos querido compaginar a veces nuestra apatía, cobardía o indiferencia a este mundo con un desprecio o huida hacia un mundo espiritual ficticio. Queríamos asegurar el cielo olvidándonos de la tierra, casa nuestra y obra tuya.

Todos: Lo confesamos, Señor, y trabajaremos por vivir solidariamente con los demás.

4.La resurrección de Jesús alumbró nuestras vidas. Pero esa luz se nos desvaneció no poco y volvimos nuestra vida oscura y triste, por nuestro apego a este mundo.. Y dejamos de ser sal y luz de la tierra. Y dejaron de alabar al Padre.

  • Todos: Lo reconocemos , Señor, y trabajaremos para que nunca se apague en nosotros esa luz.

Oración

Señor, Tú nos conoces, nos quieres y sabes cuanto padecemos, gozamos y necesitamos . Tú nos quieres vigilantes, activos, solidarios, esperanzados para hacer de este planeta Tierra, un hogar anticipo del que nos espera en el cielo.

Es tarea que nos proponemos hacer como Jesús de Nazaret, fieles al anuncio de tu reino.

Todos:Amén.

Oración del Padre nuestro

“Cuando recéis, no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán má caso. No seáis como ellos que vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis. Vosotros rezad así:

Padre nuestro del cielo,

proclámese que Tú eres santo,

llegue tu reinado,

realícese tu designio en la tierra

como en el cielo;

nuestro pan del mañana dánoslo hoy

y perdónanos nuestras deudas

que también nosotros

perdonamos a nuestros deudores;

y no nos dejes ceder en la prueba,

sino líbranos del Malo “ ( Mt 6, 7-18)

RECUERDO y TAREA

Hacer nuestro el retrato del hombre nuevo

El hombre nuevo:

1.Mantiene una actitud crítica

y una gratuidad contemplativa

2. Se hace libre frente a los poderes y seducciones.

Su libertad es la de los que están dispuestos a morir por el Reino.

3.Vivir en estado de alegría.

4. Su tesoro son los pobres.

5. Su pasión: la justicia y la verdad, la denuncia profética y la revolución diaria.

6. Le guía la fraternidad igualitaria, el ecumenismo, por encima de razas y edades,

de sexos y credos.

7. Su objetivo es lograr una sola clase humana, aboliendo las clases sociales.

8. Habla lo que cree.

Cree lo que predica.

Vive lo que proclama.

9. La esperanza es su estrella, desde el hoy para el mañana, desde la historia hasta la plenitud del Reino. Pedro Casaldáliga

 

Socio-político-religioso