¡Salvar a los presos! ¡Salvar a los Rosenberg! Andrés Marí

 

¡Salvar a los presos! ¡Salvar a los Rosenberg!
Andrés Marí
¡Salvar a los presos independentistas catalanes porque con sus luchas pueden
despertarse todos nuestros fantasmas! ¡Salvar a los Rosenberg porque se
acerca una ola de fascismo y no basta con saber que nos llegará a todos!
Somos inocentes desde el instante en que crecemos con los descubrimientos
de la ley que nos sojuzga. Defenderse de ella es un acto de paz y todas las
personas y todos los pueblos han de ejercerlo frente a las mil formas que tiene
la ley para culpabilizarnos. Y mucho más se ejerce si la única opción al
conocimiento de que somos distintos es no creerlo y obedecer a la ley que lo
obliga. Igual se ejerce si los Bancos, rescatados con dinero público, desahucian
a nuestros vecinos y todos cargamos con sus angustias. Y también se ejerce al
sentir que la ley nos pide calma y echa sobre nuestras conciencias a los
muertos del Mediterráneo porque ya morían por el hambre, las enfermedades
curables y las guerras que los consorcios del crimen transnacional les
producían con sus expolios.
Es que el mundo ha cambiado, piensan algunos, porque todos podemos mentir
y así todo es negociable. No lo creo, como tampoco creo que el pensamiento
esté en extinción porque estemos atrapados en la relatividad de los valores
humanos. Ni la soberbia de los imperios ni el miedo de las personas nos llevará
a arrodillarnos por ser como somos en armonía con la vida de todos, y aunque
nos persiga un sentimiento general de fracaso colectivo por una economía
capitalista con su política neoliberal, es todo el Sistema, con su democracia en
subasta privada y su libertad de mercadillo popular, el que nos somete a la
oprobiosa ley y nos empuja a creer que no es posible superar las tribulaciones
porque nadie cree en el poder de cumplir con la paz de cuidarnos todos.
Pueden juzgarnos, pero no impedir que volvamos a hacer lo mismo. Y aunque
ello no baste para acabar con un modelo de vida que nos enfrenta como
bestias de rapiña, con nuestras pequeñas luchas le iremos dando el jaque mate
definitivo.