RESURRECCION DE JESÚS HOY, LA PASCUA DE LA VIDA.Faustino Vilabrille Linares

 

RESURRECCION DE JESÚS HOY, LA PASCUA DE LA VIDA

La Resurrección de Jesús es el hecho cumbre de su vida, para El,
para todos los seres humanos y para toda la creación.
Si Jesus, después de haber muerto tan dramáticamente, quedara en la sepultura como
uno más, diríamos que había sido un hombre extraordinario, de una conducta ética
intachable, entrañablemente comprometido con las personas más débiles e indefensas,
profundamente humano, lleno de ternura, acogedor, cercano, decidido, carente de
prejuicios, totalmente libre, sumamente sensible ante el sufrimiento, solidario con los
pobres y exigente con los poderosos, portador de un gran mensaje humanitario y
liberador para la humanidad, de una coherencia absoluta hasta la muerte de sus hechos
con sus palabras, pero que acabó siendo víctima injusta como tantos otros hombres a lo
largo de la historia que, pasando haciendo el bien, terminaron asesinados. De nuestro
tiempo tenemos a Oscar Romero, a Luther King, a los Jesuitas de la UCA, a Rutilo
Grande…
Pero no, Jesús resucita para todos y para toda la creación, a fin de que todos y todo
tengamos vida y vida en abundancia y para siempre.
Su muerte fue un evidente asesinato. Pero de aquí brotará lo más importante de la vida de
Jesús: el acontecimiento de la resurrección, que no es homologable con ningún otro hecho
histórico susceptible de verificación, pero lleno de la mayor riqueza y esperanza para
nuestras propias vidas.
Jesús resucitado ya no pertenece a la historia humana con sus limitaciones,
sufrimientos, impotencias, frustraciones. La resurrección trasciende esta vida, inicia otra
existencia que es de plenitud, que colma todos los anhelos que nos podamos imaginar y
mucho más.
La resurrección se sitúa más allá de la historia, no pertenece a este mundo. A Jesús nadie de
este mundo pudo verle resucitar, porque la resurrección pertenece a otra dimensión que está
más allá de lo que alcanzamos a ver aquí. Lo más que alcanzamos a comprender es que
responde a nuestros anhelos más profundos de vivir para siempre y en plenitud, y no de
morir para quedar muertos. Jesús se esforzó una y otra vez en convencer a los discípulos
de que estaba vivo de nuevo, de que no había muerto para quedar muerto. Ellos nos
transmitieron su experiencia de la resurrección de Jesús para que la sintamos como
propia.
Los evangelistas cuentan de muchas maneras la experiencia de haber tratado con Jesús
resucitado, pero todos coinciden en afirmar lo mismo: Jesús ha resucitado. Fueron muy
honestos y veraces en sus narraciones, pues a pesar del absoluto machismo imperante,
recogen su primera aparición de resucitado a María Magdalena, llamada así porque
era de Magdala, una ciudad de pescadores a orillas del lago de Tiberíades, que tenía

una importante sinagoga, descubierta recientemente por arqueólogos mexicanos.
Posiblemente en esta sinagoga conoció María Magdalena a Jesús, que quedó tan
admirada y prendada de El que decidió seguirlo por toda Galilea y acompañarlo
constantemente hasta estar a su mismo lado junto a la cruz.
Pues bien, para María Magdalena fue la primera aparición de Jesús resucitado, y no solo
eso, sino que Jesús la llama por su nombre y le dice: “deja de tocarme porque aun no he
subido al Padre, pero ve a mis hermanos y diles: “subo a mi Padre y a vuestro Padre,
a mi Dios y a vuestro Dios”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: “He
visto al Señor”, y les cuenta las cosas que le había dicho (Juan 20,11-18). Por eso con razón
Rabano Mauro y Tomás de Aquino, la llamaron Apóstola de los Apóstoles. En virtud de lo
cual, por expreso deseo del Papa Francisco, a partir de junio de 2016 la celebración
litúrgica de María Magdalena, tiene el mismo grado de festividad que se da a las
celebraciones de los Apóstoles en el calendario romano general.
Una nueva aparición fue para varias mujeres entre las que está también María Magdalena,,
a las cuales Jesús les da este encargo: “No temáis. Id a decir a mis hermanos que vayan
a Galilea y que allí me verán” (Ver Mateo 28,9-10). Pero los discípulos no les creyeron,
porque en la cultura hebrea el testimonio de las mujeres carecía de valor.
Luego vinieron diferentes apariciones a todos los discípulos, algunos de los cuales tardaron
en reconocer que estaba vivo de nuevo, porque la vuelta la vida de una persona crucificada,
que muere clavada en la cruz, y es sepultada, era un hecho completamente insólito y único
en la historia. Pero los cuatro Evangelistas, igual que atestiguan su muerte en la cruz,
atestiguan también de múltiples formas su resurrección.
Al final se convencieron de tal manera que partir del hecho de la resurrección y no antes,
todos los apóstoles y discípulos empiezan a llamarle a Jesús Señor. Y estaban tan
convencidos de ello que dieron su vida por esta causa. La resurrección de Jesús fue lo
primero que empezaron a enseñar y a atestiguar, porque se dieron cuenta de que era el
hecho cumbre y más importante de su vida, para El y para nosotros.
La Resurrección de Jesús es un hecho único en la historia humana, es el elemento básico y
central del cristianismo, el fundamento de la fe, del testimonio y del compromiso cristiano.
Por eso, la celebración de la fiesta de la Pascua es para los cristianos la más importante de
todas.
La resurrección de Jesús es para nuestra resurrección, para nuestra vida
eterna:
Cuando los Evangelio emplean la expresión “en verdad, en verdad, os digo” es que dan por
cierta y segura una cosa. Así Jesús en Juan 5, 24 dice: “En verdad, en verdad os digo:
llega la hora en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios…llega la hora en que todos
los que estén en los sepulcros oirán su voz, y los que hayan hecho el bien resucitarán
para la vida”.

En Juan 6,39 y siguientes leemos: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no
pierda nada de lo que El me ha dado, sino que lo resucite en el último día, porque esta es
la voluntad de mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en El tenga vida eterna y que
yo lo resucite el último día…En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna”.
Lucas en 20,38: recoge estas palabras de Jesús: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos,
porque para El todos están vivos”.
En Mateo, en el importantísimo pasaje del juicio final (25,31-46), Jesús vincula la vida
eterna al compromiso con los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, emigrantes y
encarcelados, afirmando que el cuidado a todas esas personas es un deber de justicia, al
decir: “los justos irán a la vida eterna”, “porque lo que hicisteis con ellos a mi me lo
hicisteis”. La justicia es el primer grado de amor.
San Pablo habla en sus escritos con frecuencia de la resurrección de Jesús y la vincula de tal
manera a la nuestra que emplea un verbo nuevo para decirlo: “con-resucitar” con El,
añadiendo al verbo correspondiente la preposición “con” (συν en griego). Lo hace también
con otros verbos, como “con-sentar”. Considera que en la resurrección de Jesús ya estamos
todos resucitados e incluso con-sentados con El en el cielo. Así en la carta a los Efesios
(2,6) dice: “Dios por el gran amor con que nos amó, nos con-vivificó en Cristo y nos con-
resucitó y nos con-sentó en los Cielos en Cristo Jesús”. Lo mismo hace en la segunda
carta a Timoteo 2,12.
La Resurrección de Jesús es también para la Creación: Cuando a un amigo
mío le murió una perrita que estaba muy encariñada con él exclamó: “menos mal que
estaré en el cielo de los perritos”
San Pablo en la carta a los Romanos 8,18-23, escribe: “Estimo que los sufrimientos del
tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se revelará en nosotros. En
efecto, toda la creación espera ansiosamente la revelación de los hijos de Dios.  Ella
quedó sometida a la decadencia, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió,
pero conservando la esperanza de que también la creación será liberada de la esclavitud
de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues
sabemos que la creación entera, gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo
ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente
anhelando que se realice el rescate de nuestro cuerpo”.
La conclusión es clara: la creación entera ansía, como nosotros, alcanzar la plenitud
de la vida.

Otro texto está en el Apocalipsis, que dice: “Vi un cielo nuevo, y una tierra nueva
porque el primer cielo y la primera tierra han pasado y el mar ya no existe. Y vi la
Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de junto a Dios, ataviada
como una novia que se adorna para su esposo. Y oí una voz fuerte que decía desde el
trono: esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos

serán su pueblo y Dios estará con ellos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni fatigas,
porque el mundo viejo ha pasado. Entonces el que estaba sentado en el trono dijo: Mira
que hago un universo nuevo”.
La existencia de la resurrección y la necesidad de plenitud es una exigencia irrenunciable
de justicia, porque:
-millones de seres humanos a lo largo de la historia han muerto cruelmente de manera
injusta y prematura, víctimas de otros seres humanos.
-millones de seres humanos han sido tratados como esclavos, comprados y vendidos peor
que ganado en una feria.
-millones de seres humanos han sido torturados hasta la muerte.
-actualmente millones de seres humanos nacen con hambre, viven con hambre y mueren
con hambre.
-actualmente millones de mujeres son explotadas y eslavizadas, sometidas y abusadas hasta
la muerte.
-miles de personas, agobiadas de sufrimientos, huyen de los países pobres en busca de una
vida un poco digna, para al final, después de terribles esfuerzos, morir en el desierto
africano o sepultadas en el mar de muertos, que es el Mediterráneo.
-actualmente 18 millones de personas han tenido que huir de su tierra para acabar en
campos de refugiados.
Si tantos millones de personas murieron y siguen muriendo actualmente para quedar
muertas, víctimas de tanto mal, ¿quién les va a reparar una injusticia tan grande si la muerte
ha acabado definitivamente con ellas? Nosotros ya nada podemos hacer por repararles un
daño tan grade. Por eso, morir para quedar muertos es inadmisible e insoportable.
Si millones de animales, peces y aves, que sienten, que sufren, que quieren vivir, que
incluso son injusta e innecesariamente torturados como diversión para los hombres, han
muerto y siguen muriendo para quedar muertos, quién les puede reparar tanto daño si la
muerte ha acabado definitivamente con ellos? Nosotros ya nada podemos hacer para
repararles un daño tan grande. Por eso también para ellos morir para quedar muertos es
inadmisible e insoportable.
Estos interrogantes tan gravísimos, sin resurrección no tienen respuesta. Sin embargo todos
nos preguntamos ansiosamente por ella. El mundo es limitado, finito, y por tanto
imperfecto e incompleto, y por eso mismo nosotros también lo somos. En consecuencia el
mundo no es un paraíso. Es más, a veces parece un infierno, lleno de sufrimientos enormes
y absurdos por todas partes.

Solo la resurrección, superadora de tanto mal, puede dar sentido a todo esto. La aspiración
de todo ser vivo es vivir para siempre y feliz: la respuesta a esta aspiración es Jesús
resucitado, y no solo para los seres humanos, sino también para toda la creación. Sin
duda tiene que haber y va a haber plenitud para todos y para todo, lo contrario sería
totalmente absurdo.
En cambio, a la luz de la resurrección, todo adquiere nuevo sentido:
-todo lo que mata, destruye, hace sufrir, daña, perjudica, es indigno y, rechazable.
-todo aquello que potencia y facilita la vida, la felicidad, la alegría, la justicia, el amor
la igualdad, la esperanza, la fraternidad, la paz, para todos y para todo, es muy digno
y aceptable y adquiere mucho valor.
Luchar por estos grandes valores, que son la síntesis del mensaje de Jesús, es nuestro
compromiso con la resurrección hoy, ya ilusionante por si mismo y además porque
anticipa un poco la resurrección futura, puesto que nos hace más felices ya en este mundo,
y al mismo tiempo nos hace también más dignos y confiados de poseerla un día en su
plenitud, en compañía de toda la humanidad y toda la creación.
Un abrazo muy cordial a tod@s en esta Pascua de Resurrección de 2019.-Faustino
faustino@faustinovilabrille.es
faustino.vilabrille@gmail.com
Precioso relato de Gabriela Mistral:
El imaginero:
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso
Mire este Cristo yacente
Madera de puro cedro
Depende de quien la encarga
Una familia o un templo
O si el único objetivo
Es ponerla en un museo
Déjeme pues que le explique
Lo que de verdad deseo
Yo necesito una imagen
De Jesús el galileo
Que refleje su fracaso
Intentando un mundo nuevo
Que conmueva las conciencias
Y cambie los pensamientos
Yo no la quiero encerrada
En iglesias y conventos,
Ni en casa de una familia

Para presidir sus rezos
No es para llevarla en andas
Cargada por costaleros
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús hombre, sufriendo,
Que ilumine a quien la mire
El corazón y el cerebro
Que den ganas de bajarlo
De su cruz y del tormento,
Y quien contemple esa imagen
No quede mirando un muerto
Ni que con ojos de artista
Sólo contemple un objeto
Ante el que exclame admirado
¡que torturado mas bello!
Perdóneme si le digo,
Responde el imaginero
Que aquí no hallara seguro
La imagen del Nazareno
Vaya a buscarla en las calles
Entre las gentes sin techo
En hospicios y hospitales
Donde haya gente muriendo
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos
En el pueblo marginado
Entre los niños hambrientos
En mujeres maltratadas
En personas sin empleo
Pero la imagen de Cristo
No la busque en los museos
No la busque en las estatuas
En los altares y templos
Ni siga en las procesiones
Los pasos del Nazareno
No la busque de madera
De bronce de piedra o yeso
¡mejor busque entre los pobres
Su imagen de carne y hueso ¡
Gabriela Mistral