POR UNA ESPIRITUALIDAD LAICA José María García Mauriño

POR UNA ESPIRITUALIDAD LAICA

José María García Mauriño

26 de Marzo de 2017

Hay mucho escrito y ha habido muchos debates sobre este término. No voy a entrar en polémica con otras opiniones, sencillamente les voy a decir lo que pienso sobre este tema aun a riesgo de no decir nada nuevo, pero será una reflexión personal que tal vez pueda servir de algo a algunos de vosotros y vosotras. Lo que sí puedo prometer es que voy a ser muy claro. Y para mayor claridad voy a establecer 4 puntos A) Una definición de lo que creo que es la espiritualidad. B) espiritualidad y religión, C) espiritualidad y política y D) espiritualidad y ética

  1. Una posible definición de espiritualidad

La palabra espiritualidad deriva de «espíritu». Y en la mentalidad más común, espíritu se opone a materia. Los «espíritus» son seres inmateriales, sin cuerpo, muy distintos de nosotros. En ese sentido, será espiritual lo que no es material, lo que no tiene cuerpo. Y se dirá de una persona que es «espiritual» o «muy espiritual» si vive como sin preocuparse de lo material, ni siquiera de su propio cuerpo, tratando de vivir únicamente de realidades espirituales y suelen ser religiosas.

Estos conceptos de espíritu y espiritualidad como realidades opuestas a lo material y a lo corporal provienen de la cultura griega. Algunos filósofos griegos preferían siempre lo espiritual a lo material, el alma al cuerpo, el mundo de las ideas antes que el mundo de las realidades. De ella pasaron al castellano, al portugués, al francés, al italiano, e incluso al inglés y al alemán… Es decir, casi todo lo que puede llamarse «cultura occidental» está como contagiado de este concepto griego de lo espiritual. No pasa lo mismo, por ejemplo en la lengua quechua o guaraní o aymara, según nos dicen los que saben de estas cosas.

¿Qué es lo que nos dice la Biblia?

Tampoco el idioma ancestral de la Biblia, la lengua hebrea, el mundo cultural semítico, entienden así lo espiritual. Para los entendidos, en la Biblia se manifiesta el espíritu como que no se opone a materia, ni a cuerpo, sino a maldad (todo lo que supone destrucción). Es decir, el espíritu se opone a carne (sarx, debilidad), se opone a muerte (todo lo que implica la fragilidad de las cosas que están destinadas a la muerte); y se opone a la ley (la imposición, el miedo, el castigo). En este contexto semántico, espíritu significa vida, construcción, fuerza, acción, libertad. El espíritu no es algo que está fuera de la materia, fuera del cuerpo o fuera de la realidad real, sino algo que está dentro, que inhabita la materia, el cuerpo, la realidad, y les da vida, los hace ser lo que son; los llena de fuerza, los mueve, los impulsa; los lanza al crecimiento y a la creatividad en un ímpetu de libertad. Recordemos eso del NT:“el espíritu está dispuesto, pero la carne (sarx) es débil, -Mt26,41, de la oración del huerto.

En hebreo, la palabra espíritu, ruah, significa viento, aliento, hálito. El espíritu es, como el viento, ligero, pero potente, arrollador, impredecible. Es, como el aliento, el viento corporal que hace que la persona respire y se oxigene, que pueda seguir viva. Es como el hálito de la respiración: quien respira está vivo; quien no respira está muerto.

El espíritu no es de otra vida sino lo mejor de esta vida, lo que la hace ser lo que es, dándole claridad y vigor, sosteniéndola e impulsándola.

Empezamos por decir que lo espiritual es lo contrario a lo material. Hay tres aspectos principales que trascienden lo material y que sólo se pueden captar, entender, comprender, desde el espíritu: a) la ética (los derechos humanos, los principios, normas y valores éticos) b) la estética (todo lo referente al arte, poesía, música, pintura, escultura, etc.) y c) la mística, es algo que siempre está más allá de lo material, se trata de la identificación con lo trascendente.

Con demasiada frecuencia se ha identificado la espiritualidad con lo religioso, lo piadoso, lo celestial, ajeno al mundo del más acá. Creo que es otra cosa:.

Espiritualidad en su acepción semántica procede de “espíritu” palabra que ha llegado a nosotros después de un largo recorrido. Desde la tradición judeocristiana nos encontramos que desde el término hebreo femenino, “la ruaj”, el aliento de vida, pasando por su traducción griega “to pneuma” (convertida en una palabra neutra, que quiere decir “fuerza activa que da vida, sustenta, guía, gobierna todas las cosas”) hasta su traducción latina “spiritus” (masculina y patriarcal) que es cómo ha llegado a nosotros.

¿Qué nos dice la Teologia de la Liberación?

Pedro Casaldáliga escribe que “el espíritu de una persona es lo más hondo de su propio ser, sus motivaciones últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la que vive y lucha y con la cual contagia a los demás”1. Su espiritualidad será la talla de su propia humanidad”.

Jon Sobrino “Espiritualidad es el espíritu, el talante con el que se afronta lo real, la historia que vivimos en toda su complejidad2. Según esto alguien podría decirnos “dime cómo te sitúas ante la realidad y te diré cuál es tu espiritualidad”.

Leonardo Boff. complementando esta definición dice en su libro La voz del arco iris nos dice: “En su acepción originaria espíritu (de donde deriva espiritualidad), aliento, es una cualidad de todo ser vivo que respira (ser humano, animal, planta). En este sentido “espiritualidad es la actitud que pone la vida en el centro, que defiende y promueva la vida contra todos los mecanismos de estancamiento y muerte”.

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Es decir el término espiritualidad alude:

  • al espíritu, a la fuerza que alienta la realidad,

  • al modo de situarnos ante ella sosteniendo, defendiendo la vida contra todo lo que atenta contra ella

  • al descubrimiento de la verdad más profunda de la humanidad y de la Realidad: la experiencia de ser Relación, Comunión.

Hacia una definición de Espiritualidad:

Creo que hay algo en común en todas estas traducciones y es la referencia clara a un principio vital, al hálito que da vida, que da existencia a todo lo que existe Y podemos llegar a este definición: El espíritu es la fuerza, la energía que alienta, la que da consistencia, a toda realidad, a cualquier realidad.

Una sociedad o persona espiritual sería, por tanto, la que va descubriendo la verdad de su Ser, la que descubre cuál es la energía que da aliento a su persona, su verdadera identidad, vislumbrando el Fondo Ultimo de la realidad (la Unidad que somos, formando un TODO con la naturaleza) y trata de vivir coherentemente con esa verdad experimentada, poniendo el aliento, la energía de todo lo que es vida, en el centro para cuidarla, defenderla y protegerla de un modo especial. Por un lado, la vida de la Madre Tierra con la que formamos un todo orgánico y vital, y por otro lado, la vida de los seres más amenazados, las vidas de las personas empobrecidas,

Más de una vez utilizaremos en vez de espíritu o espiritualidad ciertos sinónimos relativos, como pueden ser: conciencia, inspiración, voluntad profunda, dominio de sí, valores éticos que orientan la vida, utopía o causa por las que se lucha, talante vital, y sobre todo usamos el término mentalidad, para mantener alejado el restringido concepto griego que lamentablemente viene a nuestra mente una y otra vez. (¿Se puede hablar de mentalidad capitalista y de espiritualidad capitalista?)

Desde esta aproximación conceptual podremos hablar de qué espiritualidad es la adecuada en cada momento de la historia, pero siempre remitida a lo Real para confrontarse con ello. Es, pues, un concepto dinámico, no estático y de profunda actualidad.

Este “aliento, fuerza o energía” tiene mucho que ver con la moderna física cuántica. Según ella, no hay materia es todo energía y nosotros formamos parte de esa energía, que quiere decir que formamos parte del TODO, como la ola es el mar y no es parte del mar. La savia que fecunda el árbol (y cualquier vegetal), la vida de los peces, y cualquier otro animal, es la demostración de esa energía universal que informa al TODO.

Espiritualidad, repetimos, es la fuerza, la energía, que alienta la vida, la existencia, de cualquier realidad.

Traducido quiere decir que la espiritualidad es un proyecto de vida. Una forma de vida cuyo centro no es el sujeto mismo. Ese que en primer lugar se mira a sí mismo y pone su aliento y sus energías en la propia perfección y el propio desarrollo, sino que el centro de sus energías lo desplaza a las necesidades de los demás, a los problemas que los demás tienen, a la Justicia que reclaman los más necesitados. Estamos ante un cambio de paradigma que nos obliga a revisar nuestra manera de vivir y de situarnos en la realidad

Hay realidades que no tienen vida, pero sí tienen y necesitan de un aliento para seguir existiendo, como pueden ser la vivienda, el coche, la indumentaria, la biblioteca etc. y las mismas instituciones. Porque forman parte de la vida de las personas.

  1. Espiritualidad y religión.

A veces se confunden espiritualidad y Religión. La espiritualidad que hemos definido prescinde de las religiones, puede ser vivida sin ellas, y hay religiones desprovistas de espiritualidad, asfixiadas por el peso de un doctrinarismo autoritario. Sócrates (470-399 a.C.) y Séneca (Córdoba 4 a. C.- Roma 65 d. C.), fueron hombres profundamente espirituales, ‘santos paganos’, pero desprovistos de religión.

Lo que caracteriza la espiritualidad posmoderna es, por una parte, la búsqueda, no del otro, sino de sí mismo, de la tranquilidad espiritual, de la paz, del sosiego del corazón. En ese sentido se trata de una espiritualidad egocéntrica, centrada sobre el propio ego. Y por otra parte, una espiritualidad política, volcada sobre la promoción de la justicia y de la paz, comprometida con la ética y la protección del medio ambiente. Es decir, una espiritualidad de testimonio y compromiso desde la apuesta por la justicia, la igualdad y el cuidado de la Tierra entre las instituciones y movimientos sociales.

Avanza el siglo XXI, y persiste la crisis, más aun, se agrava. La crisis económica es una crisis política. La crisis política es una crisis ética. La crisis ética es una crisis cultural. La crisis cultural es una crisis espiritual. Todas las crisis son una, como son uno el grito de la tierra y el grito de los pobres, es decir, el grito de la vida.

La espiritualidad que propugnamos no es alentar más la religión si ésta es entendida como conjunto de dogmas, verdades, normas morales y ritos. Una cosa es la fe y otra la religión. La verdadera espiritualidad de los cristianos es la que alienta la vida de fe, no la que alienta la religiosidad.

La espiritualidad que alienta el proyecto de Jesús es una fuerza, un aliento de fe subversiva al promocionar Jesús un movimiento de fe que tiene su preferencia por los pobres, por los últimos de la sociedad. Es el proyecto del Reino de Dios, no un proyecto religioso, se trata de construir una sociedad alternativa.

  1. Espiritualidad y política

¿Qué tiene que ver la espiritualidad con la política?

Creemos que es un grave error pensar que la espiritualidad atañe a la vida privada y que la política se encarga de la vida pública. La espiritualidad de las personas y de las comunidades transforma la vida pública. La política -la calidad del trabajo y del salario, el sistema sanitario o educativo, el cuidado de la naturaleza, la vivienda en que vivimos…- nos configura en lo más íntimo de nuestra vida privada. La política -la grande y la pequeña, ambas inseparables- es el cuidado del bien común de la humanidad, empezando por los últimos, y de todos los seres empezando por los más amenazados. ¿Pero cómo cuidaremos y salvaremos la vida si la política carece de espiritualidad o de alma?

Lo que no puede haber es una política verdadera sin espiritualidad. Claro que lo mismo vale a la inversa: no puede haber una verdadera espiritualidad que, de una u otra manera, no se traduzca en praxis política, con la ambigüedad y riesgos que le son inherentes. La “espiritualidad pura” no existe. No existe el espíritu sin carne común de mundo y de acción social estructurada. No puede haber una espiritualidad apolítica. Sería una ilusión alienante. Así es, pero aquí insistiré en el otro polo, inseparable e imprescindible: una política sin espiritualidad carece de alma y lleva a la muerte

Una espiritualidad política supone devolver a cada una de estas dos realidades su auténtica verdad:

1) Por un lado sería la vuelta al sentido originario de la política como técnica y arte de atender a las necesidades de la ciudadanía, de la polis. Es decir vivir el auténtico sentido de la política: la búsqueda del mayor bien posible para el mayor número de personas. Para Platón y Aristóteles la política era inseparable de la ética siguiendo en esa dirección Santo Tomás de Aquino decía que buscar la felicidad de las personas era una tarea fundamentalmente política, él afirmaba “la felicidad es un bien común. “El espíritu originario de la política sólo podrá recuperarse con una política más espiritual, moral y responsable.” Cuando hablamos de la Política no hablamos de partidos políticos, sino de la gestión del Bien común.

2) Por otro lado supone recuperar el sentido establecido por la religión es decir, de una espiritualidad de la búsqueda de silencio, sosiego, calma, profundidad, la conexión con la Fuente de la vida, un lugar para madurar, una manera muy legítima de estar en la realidad.

Por tanto, cultivar una espiritualidad política supone cultivar personal y comunitariamente un talante, una manera de estar en la realidad y una manera de organizar la gestión de la polis y el gobierno que haga del bien común el centro de los esfuerzos y preocupaciones. Una parte muy importante del Bien Común es la vida y la felicidad de la mayoría de la humanidad, concretamente 5.250 millones de SH,

La espiritualidad política es la que alienta el cambio político en favor de la mayoría en nuestro país, el que se ocupa y se preocupa de que estén cubiertas las necesidades básicas de la mayoría de la ciudadanía, de los más POBRES Y EXCLUIDOS. Sin este planteamiento no se puede hablar de auténtica espiritualidad.

  1. Espiritualidad y ética

La espiritualidad que propugnamos es fundamentalmente laica, lejos de cualquier manifestación religiosa, pero no en contra de ella. Si la espiritualidad es la fuerza que alienta la realidad, esa fuerza se cifra en la actividad política, que también es ética, porque ética y política son inseparables. Situamos la Ética en los principios, normas y valores propios de la actividad Ética. Nada material, nada que se palpe por los sentidos. Pura Utopía.

Dado que la espiritualidad. es la fuerza que alienta la realidad, si nos situamos en la enorme realidad de los 7.200 millones de SH que habitan el planeta ahora en 2017, tenemos que dibujar una ética y una espiritualidad, universales.

Espiritualidad ética es la ética subversiva que trata de dar vida a la inmensa población de las personas empobrecidas del mundo.

En definitiva

La espiritualidad de hoy y del futuro, estimamos que es y será una espiritualidad comprometida con la realidad, y por tanto una espiritualidad subversiva, (Subvertir significa mover el ánimo de la gente para inducirle a adoptar una actitud rebelde u hostil para cambiar el orden público y moral, dice el Diccionario de Lengua), es decir, la que mira el mundo desde los excluidos y se ocupa de los de abajo, de las personas empobrecidas, para cambiar este orden injusto. Se trata de tener una espiritualidad nueva, una versión ética, claramente comprometida, con los valores básicos de la ética, es decir, con la vida, la justicia, la libertad, la verdad, la igualdad, la paz. Se trata de sacudir las conciencias para instalarnos en la óptica de la Vida, de los derechos humanos, de la dignidad, para desmontar el poder de los de arriba y reconstruir los auténticos valores de los de abajo, del pueblo sufriente. Se trata de hacerles justicia y que gocen de verdad de las auténticas libertades. Repetimos, no sólo una mirada, una versión, sino sobre todo una espiritualidad del compromiso ético.

. Si no es una espiritualidad comprometida decididamente con los valores éticos de la vida, la justicia, la libertad,

. sólo será una espiritualidad burguesa, más o menos piadosa, religiosa, encerrada en sí misma y descomprometida con la realidad Las dos son bastante incompatibles.

Se trata de elegir entre dos modelos de espiritualidad que responden a dos visiones distintas de ver el mundo o lo vemos desde los oprimidos o lo vemos desde cierta comodidad.

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1 Casaldáliga, P. – Vigil, J.M. (1993), Espiritualidad de la liberación, San Salvador, UCA, p. 23; Igual acepción se encuentra en Galilea, S. (1985), El camino de la espiritualidad, Bogotá, Ed. Paulinas, p. 26

2 Sobrino, J., o.c. p. 450

3 BOFF, L. (2003) La voz del arco iris, Madrid, Ed. Trotta, p.123

Socio-político-religioso