Nos habituamos a seguir aguantando Andrés Marí

 

Nos habituamos a seguir aguantando
Andrés Marí
Antes, no muchos años atrás, en las estaciones de trenes y Metros de Barcelona
había policías que cuidaban del orden público y otros asuntos; ahora eso está en
manos de empresas privadas que hacen lo que hacen. Igual pasaba en otros
sitios, entre ellos los aeropuertos, en que ya reina la competencia entre
empresas privadas de seguridad con experiencias anteriores en el sector público.
También pasa con los teléfonos de numerosas dependencias gubernamentales,
entre ellas el Paro y Hacienda, pero también con hospitales y otros centros
públicos que ya no tienen la numeración normal y a la que ya no podemos
llamar con el pago de nuestra telefonía en la casa, pues ahora tienen una
especial de pago extra. Y para que crezca el precio están unas máquinas que
pueden hacerte esperar una eternidad, pues hablar con alguien es como hallar a
un marciano.
Por ‘las simplezas’ anteriores y por otras a que nos habituamos, ya tenemos
empresas privadas de seguridad militar como Blackwater, radicada en EEUU, y
que está formando un ejército de 5 mil mercenarios para derrocar a Maduro en
Venezuela y restaurar la democracia privada. Así, aguantando y aguantando,
porque es lo que hay, podemos llegar a ser como la Magdalena mirando la
resurrección de Jesús. Nadie le creyó y Facebook se negó a divulgar el hecho.
Quizás de vez en cuando deberíamos plantar cara a los expertos en derecho
divino y recordarnos que con pequeñas batallas se reverdece un poco más el
paisaje y aumentamos nuestros goces.
Cualquier día, si solo creemos en las tantas fake news que los Medios nos dan y
no denunciamos algunas cosillas, empezarán a florecer los Trumpitos. Entonces
el capitalismo, además de salvaje, se hará macabro. Es que ya es legal que los
beneficios de grandes empresas privadas crezcan libremente mientras la gente
se empobrece en las cárceles de la resignación, en el hastío jurídico y en la
lujuria de las costumbres que favorecen colapsar la alegría de vivir en vez de
cortarles el garrote a los poderosos.