JESUS DE NAZARET Y EL MACHISMO ECLESIASTICO (II).Faustino Vilabrille Linares

JESUS DE NAZARET Y EL MACHISMO ECLESIASTICO (II)

El papel de la mujer en la Iglesia no puede estar relegado a la servidumbre” (Del Papa Francisco en la entrevista de Jordi Évole).

Continuamos analizando sucintamente el comportamiento tan extraordinario de Jesucristo con las mujeres, más aun teniendo en cuenta la hostilidad social, etnográfica, antropológica, política y religiosa que existía contra ellas en tiempos de Jesús, como vimos en la introducción al primer comentario.

Las discípulas (Lucas 8,1-3): Estas mujeres fueron de tal manera rehabilitadas por Jesús, experimentaron tal cambio en sus vidas en contacto con Jesús que superaron todos los prejuicios y condicionamientos sociales para seguirlo incondicionalmente por pueblos y ciudades, incluso transgrediendo las normas y leyes estrictas que regían la conducta de las mujeres en Israel, y más en público, hasta el punto de poner sus bienes al servicio de Jesús. ¿Al servicio de quién ponemos nosotros hoy nuestros bienes? ¿Al servicio de quién los pone la Iglesia con tantos como tiene? ¿Es justo o es una ofensa a Dios, gastar tanos dineros en Iglesias demasiado lujosas, en ornamentos, en actos de culto pomposos, objetos “sagrados”, anillos, pectorales y báculos, imágenes, coches demasiado caros, “excursiones” disfrazadas de “peregrinaciones”, incluso con cruceros incluidos”? ¿Es justo tener a las mujeres o a algunas monjas de “sirvientas gratuitas” en los templos?

¿Es justo todo eso mientras 815 millones de personas se están muriendo de hambre, de las cuales 150 millones son niños que sufren retraso mental irreversible, subdesarrollo físico o mueren de hambre? Es más, en los últimos tres años vuelven a aumentar los pobres en América del Sur y en Africa (FAO-ONU) a la vez que hay cada vez más riqueza en el mundo, pero concentrada en manos, hasta el punto de que el 1 % de la humanidad tiene tanto como el 99 % restante: La riqueza de los ricos es la miseria de los pobres. Es evidente que no hay ninguna riqueza que sea inocente.

¿No deberíamos incluso transgredir normas oficiales para vivir más intensamente nuestro compromiso con Jesucristo en los pobres de la tierra? Viendo el ejemplo de Jesús, ¿cómo podemos seguir siendo tan machistas con las mujeres en la Iglesia que forman la mayor parte de los pobres de la tierra?

Su madre y sus hermanos (Lucas 8,19-21): Jesús quiere superar los límites del entorno familiar, porque quiere que todos formamos la gran familia humana de los hijos de Dios. Por eso cuando le dicen que su madre y sus hermanos están fuera y quieren verlo, Jesús dice que su familia son todos los que escuchan y quieren cumplir su palabra. Su familia somos todos los hombres y mujeres por igual. Por tanto la discriminación de la mujer es totalmente contraria al Reino de Dios.

La hemorroísa (Lucas 8,43-48): esta mujer sufre un sangrado vaginal anormal desde hace doce años. Vive angustiada porque su enfermedad tiene la peor connotación social como vimos en la introducción del Comentario (I): tocar a un hombre en esas condiciones la exponía a ser apedreada hasta la muerte. Por eso se acerca y toca a escandidas el manto de Jesús, que la cura instantáneamente. Pero Jesús no se conforma con curarla, quiere rehabilitarla y valorarla delante de todos y por eso pregunta quién le ha tocado. Ella, temblorosa, se postra ante Jesús y cuenta delante de todo el pueblo por qué lo ha tocado. Jesús le dice: “hija, tu fe te ha sanado, vete en paz”. Jesús la llama hija y no se atribuye a si mismo la curación, sino a la fe de ella. Hoy, ¿quién tiene más fe, los hombres o las mujeres? A juzgar por los que acuden a las iglesias, mucha más ellas que ellos? Pero si la Iglesia Oficial no se la reconoce como hizo Jesús con aquella mujer, pronto será tarde, pero reconocerla no solo de palabra, sino con decisiones concretas que conduzcan lo antes posible a la plena igualdad de hombres y mujeres, por lo menos en la Iglesia, que a su vez debe luchar para que les sea reconocida en todos los ámbitos de la vida.

La hija de Jairo (Lucas 8,40-42.49): A Jesús, con tal de hacer el bien no le importa a quien. Se trata de una niña de 12 años a punto de morir, hija única del jefe de la sinagoga, un espacio solo reservado a hombres y que para Jesús evoca malos recuerdos, pues cuando oyeron sus enseñanzas en la sinagoga de Nazaret, la de su pueblo, muchos se enfurecieron contra El, hasta el punto de querer despeñarlo por decir que había sido designado por Dios para “anunciar buenas noticias para los pobres, proclamar la liberación a los cautivos, dar vista a los ciegos y libertad a los oprimidos”.

Pues bien, a pesar de que es un jefe de la sinagoga quien se lo pide, Jesús se dirige a su casa, les dice que no lloren, que está dormida…, toma la niña de la mano y le dice “niña, levántate”, y les mandó que le dieran de comer.

Los más oprimidos de este mundo son las mujeres y las niñas, y más aun en Africa, América del Sur, la India y Bangladés. Son abusadas, explotadas, violadas, despreciadas, discriminadas; esclavizadas por ser mujeres, por ser pobres, por ser indígenas y además por el trabajo, por el sexo y por la trata. En muchos países de Asia donde se calcula que “faltan” unos 96 millones de niñas, sobre todo en China e India, se les impidió nacer o se las privó de atención médica suficiente a causa de su sexo, indica un informe reciente de la ONU. Como la técnica permite conocer el sexo ante de nacer, esto contribuye a decidir abortar si el feto es niña: ya se las discrimina desde antes de nacer. Y a donde no llega la técnica, la partera recibe 5 veces más gratificación si es niño que si es niña.

En Honduras: Cerca de 50.000 adolescentes y niñas son madres cada año. La mitad de los embarazos, ya en menores de 14 años, son consecuencia de una violación por parte de abuelos, padrastros, tíos, hermanos, amigos o desconocidos. (“Tres tíos arruinaron mi niñez y mi vida”). Es el segundo país de América Latina con la tasa más alta de adolescentes embarazadas, donde una de cada cuatro mujeres de entre 15 y 19 años es madre, según datos de UNICEF. Existen casos de mujeres que por miedo a represalias de sus padres se colocan una faja en el abdomen para impedir el crecimiento del feto. De cada 100 niñas o adolescentes 25 están embarazadas. El 95% de los casos de violencia contra la mujer queda impune. La atención psicológica integral a víctimas de una violación tampoco existe. (Informe de Casa Alianza, institución que cada día sale por las mañanas a recoger a niñas de la calle, que con frecuencia encuentra solas, desamparadas, agredidas física y sexualmente, incluso con cortes en los pechos).

Así mismo Caritas Honduras informa que siete de cada diez mujeres sufrirán golpes, violaciones, abusos o mutilaciones a lo largo de su vida. La violencia es un grave impedimento para el desarrollo y la lucha contra la pobreza.

En Guatemala: Durante los últimos cinco años, no menos de dos mil casos se han reportado por año, según datos del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (Osar), que toma como referencia el informe de nacimientos del Registro Nacional de las Personas (Renap) de madres entre los 10 y 14 años. Tan solo en enero y febrero de 2019 se reportaron 456 embarazos de madres entre 10 a 14 años. Según esos números, cada día siete niñas se enfrentan a la maternidad, producto de una violación, una cada tres horas. (Ver Prensa Libre 07/04/2019).

Cuándo llegará una Iglesia nueva que dé la mano de la igualdad y la fraternidad a las mujeres en derechos y deberes con los hombres, como la dio Jesús a la hija de Jairo, para que tengan y den vida plena a la Iglesia. El Hermano Francisco está haciendo todo cuanto puede, pero necesita mucha más colaboración del resto de la Iglesia Oficial y de todos los creyentes, pero parece que estamos dormidos como la niña de Jairo, y la gran mayoría no nos enteramos de los sufrimientos espantosos que hay en el mundo, de los miles y miles de personas que ni un solo día pudieron vivir dignamente, que fueron arrebatadas por una muerte injusta, muy dolorosa y prematura, todo por las injusticias de unos seres humanos contra otros: ¡Cómo es posible que todavía hoy en la India más de 300.000 niños, para que den más pena, son drogados, mutilados, sometidos a quemaduras, maltratados físicamente y forzados a pedir limosna en las calles de India, día tras día, para víctimas de una industria millonaria controlada por redes de tráfico de personas, según un informe elaborado conjuntamente por la Policía india y varias organizaciones de Derechos Humanos! Unos 40.000 niños son secuestrados cada año, de los cuales 11.000 desaparecen de forma definitiva.

Hoy, la Iglesia, si quiere ser creíble y fiable, tiene que asumir como su objetivo máximo y esencial el mismo de Jesús: “proclamar la liberación a los cautivos, dar vista a los ciegos y libertad a los oprimidos”, que hoy lo son sobre todo las niñas y las mujeres, y más aun en el Tercer Mundo.

Marta y María (Lucas 10-38-42): Eran las hermanas de Lázaro. Los tres eran amigos de Jesús a los cuales El amaba. Marta quiere cumplir con los ritos de la Ley judía y se pone a preparar comida muy afanosa, pero María sentada a los pies de Jesús escuchaba su palabra (mensaje), lo cual entre los judíos estaba mal visto, pero a Jesús no le importa, al contrario, le dice a Marta que deje los quehaceres y escuche su palabra como lo está haciendo María, que escogió la mejor parte: cuando los ritualismos ensombrecen y están por encima del mensaje sobran. Son muy propios de las religiones, que con frecuencia los organizan muy pomposos y “floreros” utilizándolos para atraer a los ingenuos, pero el mensaje se pierde, lo cual es muy grave porque la humanidad y la creación están sumamente necesitadas del mensaje de Jesús: igualdad, fraternidad, solidaridad, justicia, libertad, amor, paz, esperanza, vida, para todos y para toda la creación. ¿Es más justo gastar dinero en tantas imágenes que salen de procesión en Semana Santa, que ni ven, ni oyen, ni sienten, ni padecen, o en rescatar a niños y niñas muy pobres, que sí ven, oyen, sienten y padecen? ¿Dónde está Jesucristo?

La mujer encorvada (Lucas: 13,10-17): Estamos en una sinagoga, donde un hombre no puede ni mirar a una mujer. Es sábado, un día donde no se permite curar a nadie. Allí hay una mujer encorvada que lleva 18 años sin poder estirarse. Jesús al verla la llama, la toca con las manos y le dice: “mujer quedas curada”. El Jefe de la sinagoga se indigna con Jesús por hacer una curación en sábado y dice a la gente que no vengan más en sábado a curarse. En cambio Jesús exclama: “¡Hipócritas! Lleváis el ganado a abrevar en sábado y en cambio no queréis curar a una persona que lleva 18 años enferma”. Los jefes de la sinagoga, los representantes del poder religioso, eran adversarios de Jesús pero en cambio la gente se alegraba de las maravillas que El hacía: esto mismo le está pasando al Hermano Francisco, porque la gente del pueblo en general lo admira, pero los ricos y poderosos, cuando menos callan o lo critican abiertamente, incluidos muchos eclesiásticos que tristemente parece que estamos demasiado encorvados, con la mirada por el suelo, y no miramos de frente a Jesucristo, al mundo y a la vida, que seguimos además manteniendo a las mujeres completamente encorvadas en la Iglesia.

(Continuará)

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino

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