Cuba entera,una escuela.Por Luís Toledo Sande.

Cuba entera, una escuela

Por Luis Toledo Sande

Quien esto escribe asume el riesgo de merecer reprobación por aprovechar un espacio público para verter “baba abuelítica”. Pero ¿qué hacer, si viene feliz de la escuela donde Sergio, su nieto, se ha iniciado hoy como alumno, ante la presencia de sus padres y sus abuelos maternos? Con todo, la alegría mayor es ver cómo Cuba mantiene su empeño educacional y, a pesar del bloqueo imperialista, y de deficiencias internas que urge corregir —muchas veces de índole organizativa, que en gran parte dependen de la gestión humana, de la capacidad para planificar bien las cosas y de la voluntad de hacerlas mejor, con el pensamiento puesto en el país, en el pueblo—, cada primer lunes de septiembre el archipiélago cubano entero se convierte en un hervidero escolar, y de las familias.


La calle donde radica “la escuela de Sergio” —es decir, de una gran cifra de niñas y niños— fue otra ratificación de esa verdad, cuando se vio colmada de familiares y otras personas que no querían perderse el júbilo de tan entrañable cita. Y lo fueron las filas de escolares en el acto inaugural del curso, que tuvo una parte medular a cargo de alumnas y alumnos que comienzan el sexto grado —último de la enseñanza primaria—, y lo ratificaron igualmente las manos y los corazones infantiles que trasladaron el retrato de José Martí hasta la presidencia del acto en que se presentaron el claustro y los trabajadores no docentes del centro, y también lo confirmaron las palabras, en una de las aulas de preescolar —donde estuvo, imantado por su nieto, quien escribe esta nota— de la maestra de quien brotaron de modo natural expresiones de profesionalidad y amor a su tarea.


Atrás quedaron las carreras y las complicaciones generadas en torno al propósito sostenido de que cada escolar inicie el curso con completo uniforme, adquirido a precios realmente módicos, pero a menudo con agobios que merecen evitarse para que nadie los manipule, y nada enturbie la alegría de lo que representa que en Cuba no haya ni un niño ni una niña sin escuela, sin tener garantizada la instrucción que los ayudará a crecer en la vida. De la mencionada aula de preescolar, indicio de lo que habrá pasado en las demás, todos los niños y las niñas recibieron, sin que sus familiares tuvieran que pagar ni un centavo por ello, los libros que usarán en el curso, durante el cual seguirán recibiendo otros materiales. ¡Gracias, Revolución Cubana, por todo lo sembrado y en cosecha!, ¡gracias, pueblo de Cuba, por las pruebas de resistencia y de amor a la patria y en especial a la infancia!


No se le ocurre al autor de la nota creer que ha sido todo lo elocuente que habría tenido que ser para trasmitir en su plenitud la significación del acto del cual viene feliz, y que fue uno más entre tantos que puntearon de júbilo el país.


En La Habana, en la mañana del 2 de septiembre de 2019,


Luis Toledo Sande