COHERENCIA José María García Mauriño 12 de Noviembre de 2018

COHERENCIA

José María García Mauriño

12 de Noviembre de 2018

Buscamos la coherencia:

1. Sentido de la búsqueda.

Los seres humanos, siempre estamos en actitud de búsqueda. Porque no partimos de una clarividencia en la política, en la ética, en nuestra fe. Solemos ir “a tientas”. Porque partimos de una situación de dudas y perplejidades. Y dentro de la oscuridad que nos envuelve nos esforzamos en aclararnos algo en estos temas. Por eso venimos aquí a pensar, a dialogar y debatir para tener un mínimo de claridad.

Es una actitud permanente de búsqueda de la verdad, si queremos avanzar en nuestra madurez. Porque somos personas que nos estamos haciendo, nunca estamos hechos del todo, aunque tengamos 135 años. Sin embargo, queremos pensar, queremos acertar en nuestros compromisos, en nuestro proyecto de vida. Buscamos porque estamos inquietos y queremos gozar de una cierta paz interior, de una cierta calidad de vida, a pesar de las dificultades y problemas.

.2. Sentido de la coherencia.

La coherencia es una actitud ética elemental para una persona que quiere proceder en conciencia. Una persona es coherente cuando sus pensamientos, sus palabras y sus acciones van en la misma dirección y están relacionados entre sí y conforme a un modelo de ser humano. Es frecuente considerar que los elementos coherentes son compatibles entre sí; en concreto, si la forma de pensar de decir y hacer es compatible con su forma de ser, de irse haciendo, con su manera concreta de vivir, de desarrollar su personalidad, su profesión, su familia,, su compromiso.

La pregunta que se puede hacer es ésta: ¿hay conexión entre sus pensares, sus decires y sus acciones? ¿hay contradicciones entre sus actitudes y sus comportamientos profesionales, religiosos, políticos, éticos?, o, por el contrario, ¿existe un cierto equilibrio? Por ejemplo, pensar y estar más o menos convencido de lo nefasto que es la sociedad de consumo, y luego en la práctica seguir consumiendo cosas innecesarias, seguir los modos y las modas de comprar. Si se piensa que es bueno ‘darse la buena vida’, ¿por qué se tiene reparo en exponer este pensamiento ante los demás? ¿por qué se tiene reparo en proceder así, por una conciencia de culpabilidad de no actuar por lo más duro, por lo más costoso? Se trata de una dialéctica difícil de vivir.

El pensamiento no es algo diferente de los sentimientos ni de las actitudes; no voy a hacer un análisis psicológico del pensamiento, pero es elemental que nuestra manera de pensar no puede ser nunca químicamente pura, no puede ser ajena a lo que cada uno ha vivido y sentido desde su infancia, y sigue viviendo; cada uno elige sus pensamientos, elige sus sentimientos, sus libros, su música, sus amigos, se va formando su modo de pensar y de sentir conforme a unos autores que prefiere y deja a otros, lo mismo que elige sus películas, sus comidas, sus amigos o sus vacaciones. Cuando uno defiende una manera de pensar y de sentir, hay algo más que pura abstracción mental, es toda una manera de ver el mundo, de interpretar la realidad, desde su sentir, desde su vida. Tal vez sea la expresión de un estar despierto o estar medio dormido. ¿Es un pensamiento crítico, o es repetir lo que todo el mundo dice o piensa? La formación del pensamiento en los múltiples temas que nos rodean es algo muy complejo; nunca está hecho de todo, siempre se está haciendo. ¿Cómo formularías tú, tu pensamiento político, tu pensar cristiano, o indiferente, o tus propias convicciones?

Las palabras son, de una forma o de otra, expresión de una determinada forma de pensar y sentir. Se piensa una realidad, y se expone con palabras esa manera de ver la realidad. Lo difícil es decir siempre lo que se piensa, suponiendo que suele pensar seriamente lo que dice. Porque hay personas, situaciones o entornos en los que la llamada “prudencia” aconsejan callar, o envolver el propio pensamiento en papel de celofán, o sencillamente decir algo distinto o lo contrario de lo que se piensa. El decir lo que se piensa es ya una valentía y una postura de cierta gallardía. Es la ética. Solemos tener miedo de decir lo que pensamos, por aquello de quedar bien o el qué dirán. Las palabras son el vehículo imprescindible de la comunicación humana. Es necesario, creo yo, un esfuerzo por saber decir las cosas, por tratar de definir, de esclarecer lo que queremos decir. Podemos producir confusión o producir claridad.

Los hechos, las actuaciones, los comportamientos, son harina de otro costal. ¿Se sitúan en la misma línea del pensamiento y la palabra? O ¿cada una va por su lado? Ser personas coherentes quiere decir que su pensar, su decir y su actuar van en la misma dirección. Se puede llamar esta coherencia a eso de “ser consecuentes”; y es muy difícil ser consecuentes, tanto más cuanto los valores éticos son más elevados. Hay que tener en cuenta que “si no vives como piensas, acabarás pensando como vives”, dice el refrán español. No se puede separar el pensamiento de la vida. ¿Existe una misma línea entre lo que se piensa, lo que decimos y el voto que emitimos en unas elecciones? ¿Nuestro compromiso, el que sea, es fruto de esta coherencia? ¿Tenemos una mínima coherencia de nuestro pensar y sentir, con el partido o sindicato o asociación, con el que nos sentimos más o menos afines, sin pretender una total coincidencia que nunca se dará?

La coherencia cristiana consiste en ser fiel al mensaje subversivo del evangelio en sus pensamientos, en sus palabras y en sus hechos de vida, no a los dictámenes de la jerarquía que hace mucho abandonó el proyecto de vida de Jesús.

Por último, la coherencia ético-política significa aceptar el hecho del pluralismo político de ideologías y morales, que nos lleva a una actitud ética de tolerancia. Como es más fácil la postura del dejarse llevar, del conformismo, de adaptarse, de no sobresalir, pienso que habría que insistir mucho más en una postura de insumisión y disidencia: es decir, en posturas críticas. Criticar a la sociedad supone aplicar seriamente el principio de tolerancia; este principio es la orientación básica de una persona que es coherente con la situación del país que quiere vivir en democracia.

La falta de coherencia se traduce casi siempre en falta de credibilidad, en los partidos políticos, en las instituciones, en los Estados y en cualquier persona.

Denunciamos la falta de coherencia de muchos Estados que han firmado la Declaración Universal de los DDHH, incluso la han incorporado en el ordenamiento jurídico de su país, y luego, tienen una praxis política en la sociedad civil, completamente distinta.

Denunciamos la falta de coherencia de muchos políticos que llevan un parlamento y una praxis muy alejada de la que hacen gala en sus declaraciones.

Denunciamos la falta de coherencia de la Iglesia Católica por llevar una praxis regida por el poder, el prestigio y el dinero que se aparta completamente del mensaje inicial del Evangelio.

Socio-político-religioso