Catalunya entre la ley y el simbolismo Andrés Marí

 

Catalunya entre la ley y el simbolismo
Andrés Marí
¿Podría “la revolución de las sonrisas” de Catalunya convertirse en una frase vacía?
Estas conversiones suelen ser muy fáciles cuando la resistencia se hace sin estar
consciente del viaje que inicia. Sus referencias son Escocia y Québec, pero la
máquina española la puso entre Cuba y Venezuela. Es lo que dicta el ‘Grupo de los
7’: España es una democracia y así está bien. ¿Qué hacer? -se preguntan muchos
independentistas-, y como el libro de Lenin no se comprende lo suficiente en el
territorio, eligen el camino postmodernista y por él van para intentar redirigir al
sujeto que ejerce un estricto control en sus decisiones.
Oyen una voz que los tortura: ‘nada podrán hacer contra la máquina que por estos
lares se llama España’. Es cuando se sienten en una catedral gótica que los minimiza
y los asusta. Ya con este miedo algunos llegan a pensar que algo extraño y maligno
puede venirles encima sin que apenas lleguen a percibirlo. ¿Deben buscar otras
sonrisas? Es cuando alguien pregunta: ¿para qué imaginar que podríamos vencer a la
máquina? Enseguida otro responde: Nunca luchamos contra ella.
Entonces aplauden el orden que tienen, lo disfrutan a su manera y siguen sus huellas
por tenerlas muy bien incorporadas. Resulta muy complicado desandarlas. Así,
aunque ahora el artefacto no los mire con buenos ojos, lo obedecen: es la ley. Su
poder los tiene bien enganchados a todo lo que vaya contra lo que los define y los
ensalza. Por algo -dicen-, está ahí y quizás está para cuidarles el trabajo, la casa, la
familia, los fines de semana, las vacaciones en los países exóticos y su patria vedada
a los lingüistas. En definitiva, los negocios funcionan bien, y también el partido
político, sus hábitos cotidianos y “el seny” para superar el clímax a que llegaron.
‘Bueno, no pasa nada, ya volverá’, y se van a divertir con el Barça. Su Sistema de
juego es formidable para vencer a la máquina del Real Madrid. Es el instante en que
los demás entienden que su revolución no puede ser simbólica.